Una nueva adicción… el esteticoholismo March 24, 2008
Posted by raultarela in Uncategorized.trackback
Desde tiempos inmemoriales, la historia de la humanidad nos ha mostrado, que no son pocas las personas que han buscado, y aun buscan en nuestra era moderna, la “fuente de la eterna juventud”. El envejecer, desde siempre ha sido el gran temor de muchos hombres y de muchas mujeres, para lo cual recurrieron a un sinfín de variadas opciones, para poder lograr el objetivo de observarse jóvenes físicamente, transformándose esto en algunos casos, en una obsesión. ¿Por qué ese deseo incontrolable de permanecer con una apariencia juvenil?, bueno, la respuesta no es muy difícil de encontrar, pues basta conversar un poco con ellos, para encontrarnos con un fuerte temor a la muerte. El envejecer, es una muestra natural de que los días de la vida aquí en la tierra, están llegando a su punto final. Para este tipo de casos, los cristianos tenemos una poderosa contestación, y eso no es otra cosa que el Señor Jesucristo, pero esto sería parte de otro tema por demás interesante e importante. También están aquellos, que nunca se encuentran satisfechos con su apariencia personal, lo que les produce molestias cada vez que se enfrentan a un espejo.
Los recursos utilizados para buscar detener ese avance del tiempo, que va minando y llevando a la consecuente y natural pérdida de las apariencias juveniles, han pasado por diferentes y en algunos casos, hasta extravagantes métodos. Tal es el caso, por ejemplo, de la reina Cleopatra en el antiguo Egipto, quien se sumergía en leche para así bañarse en este tan preciado líquido alimenticio, buscando alejar de esa manera, los rastros del tiempo. Por supuesto nos faltaron, y aun se insiste en ciertos ungüentos, que al frotarlos en el cuerpo, logran “milagros” inimaginables, alejando arrugas y efectos similares físicamente visibles. Las pócimas o brebajes, elaborados con los más extraños componentes, obtenidos estos últimos de fuentes de los mundos, vegetal, mineral e incluso animal. Y así, podríamos seguir enumerando muchos otros sistemas inventados en este campo de lo cambios en la apariencia física. Sin embargo, no podemos dejar de reconocer, que algunos productos de belleza y de la medicina, logran alguno resultados, que a pesar de que no son determinantes, son reales en cierta medida.
Desde hace unas décadas, la ciencia médica ha avanzado fuertemente en un área de las intervenciones quirúrgicas, conocida como “cirugía estética”, la que en no pocas oportunidades ha servido para remediar o al menos mejorar, situaciones de deformaciones o malformaciones, las que pudieran ser congénitas o producto de accidentes o de otras intervenciones quirúrgicas previas. Esta alternativa ha ayudado a muchas personas a mejorar sus aspectos, logrando así formas de alivio de diferente índole, incluso psicológicamente hablando. Esto es algo que merece todo nuestro respeto y reconocimiento.
Ahora, más allá de los que hemos descrito en el párrafo anterior, no podemos dejar de ver y de resaltar, el grave daño que esta positiva herramienta médica, puede ocasionar cuando es utilizada, pura y exclusivamente, con el deseo de cambiar la apariencia física, por el simple hecho de verse más joven, e inclusive con mejor apariencia en lo concerniente a la belleza personal. Claro, si se accede a este tipo de ayuda médica profesional, en alguna situación o instancia muy especial, para que la misma sirva como un paliativo a sentimientos producidos por el inconformismo sobre la apariencia personal, y no se transforma en un acto recurrente, el cual se tratará de utilizar vez tras vez, no existiría un serio problema. La condición se agrava, cuando se ingresa a una patología conocida con el nombre de “esteticoholismo”, la que no es otra cosa que una adicción a la cirugía estética (las adicciones, sin importar del tipo que sean, son una enfermedad en sí mismas, con sintomatología propia). Personalmente he conocido, varios individuos, que saturan su cuerpo de intervenciones quirúrgicas, ya que nunca logran estar completamente felices de la manera en que se ven físicamente a sí mismos. El peligro de todo esto, es que llega un momento, en que se produce un incesante e incontrolable necesidad de someterse a distintos tipos de operaciones. También es observable, en no pocas oportunidades, que comienzan a ejercer fuertes presiones, sobre aquellas personas que están a su alrededor, especialmente los familiares más directos o amigos con mayor acercamiento a sus vidas. Entre los casos que me han tocado vivir de forma muy cercana, tengo fresca en mi mente, la presencia de un individuo, que ya sobrepasaba las veinticinco intervenciones, y su esposa, con una cuota numérica muy similar en este campo. Aun, aquellos seres que trabajaban con él y para él, sufrían diariamente presiones, que se una u otra forma, terminaban por entrar en mayor o menor grado, en esa misma variante.
Uno de los motivos principales de este escrito, es advertir a cuantos lo quieran aceptar, que esta salida quirúrgica altamente riesgosa, es innecesaria en muchísimos casos, pero que da grandes ganancias a inescrupulosos profesionales de el arte de la “cirugía plástica”. Esta opción debe ser utilizada con muchísima precaución. Igualmente deseo hacer un llamado de atención, para que los padres, puedan educar y enseñar a sus hijos, sobre esta grave situación. No es difícil en estos días, contando con la tremenda ayuda que puede brindar la información vía Internet, arribar a conocimientos e informaciones sobre este tópico, que podrán clarificar y ampliar en gran manera, lo que aquí he expresado. Además, y esto es lo importante, todos debemos comenzar a aceptarnos conforme a la forma con la que Dios constituyó a nuestros cuerpos.
Comments»
No comments yet — be the first.