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Aun casi niños… pero ya casados May 11, 2008

Posted by raultarela in Uncategorized.
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En cierta oportunidad, una pareja de adolescentes me hizo una pregunta: “Doctor Tarela, ¿cuál es la edad ideal para casarse?”. Luego de meditar brevemente, pude desarrollar e inicialmente darles a conocer el siguiente pensamiento: “Bueno, la respuesta no es del todo sencilla, ya que no existe ningún libro o manual que pueda darnos con exactitud y sin posibilidad de error, una contestación acorde a la consulta. Sin embargo, es muy importante recomendar la utilización del sentido común en cada caso en particular, más allá de que también hay algo que no se puede ignorar, la imprescindible necesidad de la clara presencia de una madurez mental y emocional, sin la cual no es recomendable el inicio de una relación matrimonial”. De hecho, la conversación fue avanzando y entrando en el terreno de varias otras preguntas, respuestas y opiniones, produciéndose así un amplio y significante tiempo de mutua edificación. Este acontecimiento presentado precedentemente, de alguna manera, dio lugar al escrito que a continuación estaré desarrollando

Debemos partir de la base, que la vida para ser usada con buen criterio y fundamento, deberá contar con una serie de pautas y pasos que preferiblemente no deben ser alterados, ya que cuando esto no es debidamente apreciado y cuidado, los resultados que se van logrando, no son todo lo satisfactorios que deberían ser o al menos los que razonablemente se esperan.

Esto puede tener su inicio, cuando las distintas “etapas” de la vida no son recorridas de acuerdo a las diferentes edades por las que se va atravesando. Dentro de mi trabajo de consejería, especialmente cuando hablo con padres con hijos menores, habitualmente hago mucho hincapié, en la imprescindible necesidad de que los niños disfruten de tiempos propios de su infancia. Sin embargo en los momentos actuales, todo parece hecho, construido o preparado, para que estas “etapas” a las cuales estamos haciendo referencia, no se las haga transcurrir bajo un proceso natural relacionado con los años del individuo, sino que sistemáticamente se las vayan quemando sin vivirlas realmente, sin poder así extraer en cada una de ellas, las enseñanzas y prácticas de la edad propiamente dicha. Una muestra sobre lo indicado en este comentario, es observable muy habitualmente, en infantes y niños, que presentan comportamientos acordes a personas de más edad que la que ellos tienen. Incluso, lamentablemente en ciertos casos, se procura destacar como un hecho realmente admirable, la manera avanzada que muestra ese ser en formación, en sus sistemas y costumbres de vida y maneras de actuar e incluso en sus respuestas. Podemos prestar atención, en algo que nos ayudará a interpretar mas cabalmente estas afirmaciones, y me estoy refiriendo exactamente, a las modas que por ejemplo lucen en sus vestimentas los pequeños de esta época. En los varoncitos sus pantalones largos, definitivamente han reemplazado a aquellos pantalones cortos que eran una distinción propia de su edad infantil, y así por el estilo otras prendas de vestir. Si hablamos de la niñas, no solo se las enfunda en no pocas ocasiones, en vestiduras propias de mujeres adultas preparadas para la conquista de personas del otro sexo, sino que aun se las hace utilizar diferentes tipos de maquillajes, del mismo estilo y forma que utilizan las damas mayores. Si nos enfrentamos al maravilloso mundo lúdico de la infancia, podremos tristemente observar, como se han ido reemplazando los juegos que ayudaban al desarrollo del ingenio y la inventiva de los niños, para definitivamente introducirlos al mundo de las computadoras y la cibernética. Esto que en cierta manera es un profundo avance de la ciencia y la tecnología, a mi muy humilde entender, le quita al niño la posibilidad de poder desplegar cierta parte de su capacidad e ingenio natural. Es esta otra forma de quemar indebidamente etapas, sobre las cuales con el paso de los años no se podrá regresar saludablemente.

Pero quizás lo de mayor gravedad, lo vamos a encontrar en todo lo relacionado con las actividades sexuales. El inicio en este tipo de prácticas, tanto en varones como mujeres, es común encontrarlo a una muy temprana edad. Pareciera que a muy pocos les importa seriamente la situación reinante en este campo, incluso algunos padres, no enseñan sobre la imperiosa necesidad de aguardar la llegada del momento de contraer enlace para iniciarse sexualmente, sino que sus recomendaciones principales están dirigidas hacia la mejor manera de cuidarse, para así evitar peligrosas enfermedades, e incluso y de ser posible, no llegar a un embarazo no deseado. Si nos movemos en otras esferas, las autoridades de diferentes niveles y con variadas responsabilidades sobre la población, acompañados por la complicidad de distintos medios de comunicación, los que normalmente no declaran sobre el gran peligro que representan las relaciones sexuales practicadas por niños, en la mayoría de las oportunidades, en los tempranos tiempos de la adolescencia. Tampoco son mayoría los educadores, llámense maestros y profesores, que presentan un serio llamado de atención y que dan un grito de alerta, al observar como sus jóvenes educandos utilizan las relaciones sexuales, mal llamadas hacer el amor (pues esto es otra cosa), como si fuera un pasatiempo natural. Habitualmente no dan una palabra de enseñanza que sea conductora a una vida sexual no activa, previa por supuesto, al tiempo del matrimonio.

El buen desarrollo de esta temática que hoy me ocupa y preocupa, seguramente ocuparía largamente mucho más espacio que el disponible en esta publicación, sin embargo, estoy plenamente convencido, que el sentido de esta nota podrá ser lo suficiente detallado, como para que su fin quede claramente delineado.

Si tenemos en cuenta todo lo escrito hasta aquí, ya podremos ir visualizando el motivo del título: “Aun casi niños… pero ya casados”. Cuantos matrimonios hoy se concretan, por el simple, pero profundo hecho, de que una niña ha quedado embarazada por sus relaciones con un jovencito, quizás de no mucho más edad que ella. Luego que el hecho ya ha sido consumado, las consecuencias pronto quedarán a la vista. Entonces hace su aparición la consabida pregunta: ¿Y ahora, qué hacemos?. En realidad las alternativas no son muchas, y principalmente salen dos a la palestra (a pesar de que existen otras) de manera casi inmediata. La primera opción quizás sea el homicidio pre-natal, conocido como aborto, el cual gracias a Dios es descartado en algunas ocasiones, para arribar así a la segunda posibilidad… el casamiento. Comienzan así las inter-consultas familiares, hasta que se puede llegar a un conclusión: “Lo mejor es que se casen, ya que si bien son los dos muy jóvenes, nosotros sus padres, vamos a ayudarlos, al menos hasta que puedan manejarse por si solos”.

Es así, como entre otras muchas otras formas o motivos, regularmente esta pareja compuesta por casi niños, llegan al matrimonio. Presionados por circunstancias no deseadas, con fuertes cargas emocionales, sin contar con la capacidad y madurez necesarias para poder manejarlas. Es aquí que me atrevería a decir, que prontamente se enfrentarán con una fuerte posibilidad de llegar a una separación y divorcio. En otras ocasiones, esta alternativa va siendo manejada y eludida, por la intervención de los mayores (léase padres), que intentan “aconsejar” las mejores maneras para permanecer unidos, evocando corrientemente que el niño que ha nacido, necesita de un papá y una mamá.

Si bien he mencionado la posibilidad de un embarazo no deseado, como conductor inicial hacia la concreción de un matrimonio, tampoco se puede descartar, que muchos jóvenes toman esa decisión, como una salida para romper con la dependencia de los padres. No es extraño ver como pueden confundir un enamoramiento con el sentimiento sublime llamado amor, y así decidir unir sus vidas sin hacer mayores cálculos sobre la determinación que están tomando. En estos casos si no cuentan con la aprobación de sus mayores, y legalmente les resulta imposible contraer nupcias, optan por lo se conoce como “vivir en pareja” o en su defecto como “vivir en unión libre”.

A estas alturas, deseo dejar aclarado, que desde mi punto de vista, muchas de estas uniones oficializadas por seres sin la madurez necesaria, podrían evitarse, si se hablara más abiertamente sobre esta temática. Dentro de las responsabilidades que los padres tenemos, el dar enseñanzas concretas y correctas sobre la vida, es quizás una de las cosas más importantes, y que tiene una condición de “ineludible”. Educar y enseñar a los hijos, no es simplemente hablar con ellos cosas sanas e importantes, sino que por sobre toda indicación verbal, deberá estar presente un ejemplo irrebatible de vida espiritual y moral. Además no podemos olvidar, que si bien es imprescindible que los niños crezcan y se eduquen conforme a las exigencias de las épocas que les está tocando vivir, no por eso se deben saltear los pasos naturales que la vida va requiriendo sean dados conforme a cada edad.

La palabra de Dios, la Biblia tiene un claro y genuino mensaje, donde se nos indica “que todo tiene su tiempo…”, no olvidemos entonces de proteger a nuestros niños, en el preciado tiempo de la infancia, el cual una vez que ha pasado, no puede ser normalmente recuperado.

Nota: Este artículo lo escribí para el último número de la Revista Génesis (pertenece a Radio Génesis 680 AM de Tampa). Toda sugerencia o petición me la pueden enviar a raul@caminosnuevos.com

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